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PROXEMIKO – 2020

Galeria de Arte Moderno, Palermo. In-Residence

La proxemica es un material, la tenemos que deformar, extender y conectar. Las medidas que propone Hall pertenecen a una representación de distancias que si interpretamos el espacio como materia no existen. En el universo, los cuerpos celestes se alejan unos con otros a medida que el espacio se va construyendo, sin ser una forma final, no es posible medir los cuerpos porque están en continuo movimiento, el espacio forma parte del tiempo. Un campo gravitatorio donde el vacío está lleno, y nuestros cuerpos huecos deforman el relleno con su movimiento.

Proxemiko es un bicho con formas que no podemos representar. No es un agotamiento del lenguaje ni un final de arte, son las formas diferentes de lo que creemos ver. Algo transportado de otras realidades a través de unos ojos que no son los nuestros. Una materia exponente dimensional, compost humano cuántico. Un recorte de un conjunto, monstruo irrepresentable, yuxtaposición de imágenes, palabras, agrupan un sistema, unas visiones fuera de una ideología. La representación siempre es ideológica y su imposibilidad es la realidad.

Los monstruos híbridos nos acompañan como una manera de mistificación, una transformación metafísica de la forma animal para alcanzar un sueño. Muchas de nuestras primeras representaciones fueron religiosas, intentos desesperados por comprendernos. Quimera, es un animal fabuloso de la mitología griega cuerpo de cabra, cola de dragón y cabeza de León, un sueño, una ilusión, producto de la imaginación que se anhela y se persigue siendo muy improbable que se realice. El misticismo ha mutado al materialismo en una objetualización de lo popular. Los monstruos híbridos se construyen como máquinas exploradoras del espacio. La misión del Apolo 13 a punto de alunizar.

Curiosity parece la realización material del sueño modernista, el triunfo del materialismo como último aliento de la imposibilidad humana de huir de su propia ideología. La lucha de Hejduk entre dibujo y construcción es la representación de este fenómeno, la arquitectura, como víctima de un proceso ideológico, de la política inseparable en nuestro estado social.

Lo social no podemos alejarlo de nosotros ni un milímetro, separarnos de nuestra manera de vivir es morir. El pueblo de Baltanas de la época medieval (1553) junto a el cruce de autopistas en la ciudad de los Angeles 1953, el primer cruce construido de este tipo. Los dos tratan de una simulación social de una manera de vivir.

Usar el cuerpo como una ficción, la utopía también esconde su ideología y la simulación es una copia de la realidad, raras veces somos capaces de imaginar algo que no hayamos visto, nuestros sueño son a partir de nuestra realidad, no podemos soñar lo que sueña otro.

La representación virtual de la ciudad de la película Metropolis, al lado de todos los listines telefónicos que rompieron Dash Snow y Dan Colen con sus amigos durante semanas en una galería de Nueva York. Romper nombres de personas ligados a teléfonos y calles es como destrozar una ciudad volviendo a construir otra a partir del caos.

El comunismo, es una representación de la ideología fallida, muchos intelectuales y sobretodo franceses, apoyaron el movimiento como manera de construir un mundo de izquierdas, desde hoy no se intuye como un movimiento en contra del capital sino a favor de otro régimen totalitario el mismo Antropoceno, como el Capitaloceno habitado en el Comuniceno. Las famosas paradas de autobús en Abkazhia parecen ruinas oníricas, mientras el icónico edificio helicoide de Caracas, destinado a ser un shopping centre se ha convertido en una cárcel de tortura para presos políticos.

El dibujo siempre ha sido una parte fundamental de la arquitectura, su capacidad de renderización ha estado ligada al imaginario constructivo de cada momento histórico. La forma nunca se ha separado de la representación y la función siempre ha sido el resultado de esta unión, no hay representación sin forma y no hay forma sin función: la representación es tan cercana a la función como una palabra a su significado

La materialización de la realidad virtualiza las cosas. La virtualidad no es un elemento relacionado con la máquina sino con nuestro cerebro. La tecnología abre, aumenta la capacidad real. La nueva dimensión de una época más real en los límites que nosotros le podamos dar. Una forma atreves de una ecuación que antes no podíamos resolver, una función relacional y social postproducida.

La realidad es el problema principal del pensamiento, donde se disloca el pensamiento en una materia que se va construyendo. La realidad es material expansivo como el universo, crece junto a nosotros mientras la podemos observar.

El arte siempre ha sido idealista en un sentido Romántico, como el cambiar la sociedad desde dentro de la sociedad adoptado por los neoliberales. La familia Likov se fue de su poblado por no querer convertir su religión en pagana, vivieron todos sus miembros apartos de la sociedad en medio de Siberia durante cuarenta años. Como unos cyberpunk produjeron todo con lo que tenían, su casa, ropa, objetos, herramientas. Nunca significa una vuelta atrás en el tiempo sino el reflejo a un punto crítico, a una presión social imposible de soportar.

Cuando la realidad se convirtió en virtual, como en los estados de la materia se pasa de solido a gas, la ficción, el ficcionamiento se transforma en un punto de inflexión. Los estados que permiten lsaltos no de tiempo, de dimensión en el punto que tiempo-espacio están unidos. Lo que construye el hombre y que la naturaleza no puede diferenciar. Arnout Mik recrea escenarios de no ficción para documentarlos mientras la realidad de los campos de refugiados de Syria es olvidada por la mayoría de nosotros, lo que construye el hombre y la naturaleza no puede diferenciar.

Una escultura nunca será mejor que un órgano o para hacer escultura necesitas un cuerpo sin órganos. Branpussy.

Cada palabra del sistema se muestra imposible de resolver. Tenemos que olvidarnos del lenguaje o al menos utilizarlo como abono. Un sistema de material, una necesidad como la que une el hecho científico a la fabulación especulativa. Todos somos compost no posthumanos. Una historia conectada, no lineal de un cuerpo sin órganos, la pulsión de muerte como tiempo en sí. La imposibilidad de representación del lenguaje actuar como un pensamiento, una escritura exponencial en la que millones de partículas se agrupan, creando cada vez más, conexiones de vida o muerte. Representar el cuerpo y la mente inseparables en el camino inabarcable del tiempo en el que las posibilidades óptimas se den como colaboración del sistema. Sociedades compost capaces de sufrir cambios de estado en puntos críticos de la densidad de su población, de la cantidad de energía consumida o de la intensidad de la interacción social. Los compost somos desechos de las tecnologías de la información y cuerpos, políticas y culturas digitales globalizadas de tipos humanos y no humanos. No somos máquinas en ningún sentido, ni tampoco híbridos de máquinas y organismo. De hecho no somos híbridos en absoluto. Somos, más bien, entidades implosionadas, densas cosas semiótico materiales, figuras históricamente situadas, materialmente ricas y vitalmente proliferantes de tipos particulares, no en todas partes del tiempo, sino aquí allí y entre, con consecuencias. La fertilización articulada en forma de muerte agrupa todos los nombres: sin sentido, sin misión sin ideología, imposibles de separar en la existencia de su ser. Un elefante una silla, un teléfono un intestino, un roble un tenedor… unas bacterias en la matriz del ciberespacio. El cultivo como una práctica de aprender a vivir y morir bien de manera recíproca en un presente denso, como los parientes generan parientes. No se trata de imponer una forma a una materia, sino de elaborar un material cada vez más rico, cada vez más consistente, capaz por tanto de captar fuerzas cada vez más intensas.